El corazón es como un cristal, puede ser frágil o muy resistente y tan transparente que no oculta los sentimientos, el amor, ni el perdón. En él no puede existir el odio que la mente imagina o crea, y cuando existe amor, el corazón se llena de él y ordena a la mente a aceptarlo aunque ésta no lo comprenda, pero el espíritu que llevamos dentro sabe la verdad, y no se deja llevar por los falsos impulsos de la mente, ya que acompaña siempre con certeza a aquél al cual se ha de amar eternamente, y gasta hasta el último suspiro viviendo el amor y la felicidad, y, también quizás el sufrimiento.
Pero tal vez no exista sufrimiento que opaque el sentimiento de amor y felicidad que todo ser humano siente y que no llega hasta el fin de la vida, sino que se extiende a través de la memoria por la chispa que enciende el recuerdo en el corazón.
Colaboración de Miriam Dávila
México
